Apenas un mes después de tomar posesión como presidenta, Claudia Sheinbaum viajó a la cumbre del G20 en Río de Janeiro. Aquel viaje, en noviembre del año pasado, fue interpretado como el regreso de México al primer plano de la política internacional tras el sexenio anterior, marcado por las ausencias en las grandes citas y una actitud muy reservada hacia el exterior. La cumbre de Río dejó además una foto muy simbólica. Los cuatro líderes de gobiernos latinoamericanos progresistas, el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, el colombiano Gustavo Petro, el chileno Gabriel Boric y la propia Sheinbaum, posaron juntos entrelazando las manos. Más allá de aquel gesto, las posiciones en política exterior de la presidenta mexicana han estado más enfocadas en contener la avalancha de presiones que llegaban desde Estados Unidos que en profundizar posibles alianzas regionales.