La maestra Fabiola*, de 40 años de edad, distribuye su tiempo entre las clases que da en una institución pública de La Pastora, en Caracas, y su negocio familiar, una pequeña repostería en la misma zona. El emprendimiento y la versatilidad se ha vuelto necesario para ella y muchos otros educadores ante los bajos salarios del sector.
“Me vi en la necesidad de dar clases particulares para poder cubrir parte de mis gastos, que creo que muchos docentes lo estamos haciendo, y también logré emprender un negocio familiar con venta de repostería y pastelería”, explicó en entrevista para El Diario.
Confesó que una de sus aspiraciones fue alguna vez fundar su propia institución educativa, pero es un sueño que ha soltado de a poco, porque considera que económicamente es difícil de sostener.
Fabiola estudió Educación Inicial en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) y se especializó posteriormente en Planificación y Evaluación en la Universidad Santa María, pero desde los 15 años de edad trabajó con niños y niñas, por lo que en la adolescencia ya pensaba que enseñar podría ser su profesión.
Actualmente trabaja con un grupo de 15 alumnos de entre 4 y 5 años de edad, en su institución recibe el salario mínimo más las bonificaciones de ley que permite el Ministerio de Educación, pero es insuficiente para cubrir todos los gastos de su hogar.
“Históricamente el docente nunca ha sido bien remunerado, pero de unos años para acá eso ha sido terrorífico, eso no es secreto para nadie, pero ha traído que muchos docentes estemos buscando oficios, emprendimientos o dedicarnos a otra cosa fuera de la vocación”, detalló.
La oportunidad del negocio se presentó en el año 2024, lo que le permitió tener un poco más de estabilidad económica para su familia. Pese a esto, insiste en que la educación es una de las profesiones más gratificantes.

“La profesión docente es muy bonita. Es muy gratificante cuando uno ve que los estudiantes que uno atiende a diario realmente aprenden, progresan y avanzan en cualquier tipo de conocimiento”, agregó.
El comercio como alternativa
Para Fabiola, el comercio se ha convertido en una de las vías más efectivas para conseguir ingresos. Destacó que la comida y las prendas de vestir son lo más lucrativo en ese sentido.
Aunque a ella le ha funcionado la venta de tortas, nunca se planteó la posibilidad de dejar la enseñanza y dedicarse de lleno al negocio.
“A mí me encanta enseñar, me encanta la educación y me encanta cuando se me acerca así sea una persona adulta y me dice ‘yo aprendí de usted’ o ‘la recuerdo con mucho cariño’, eso es algo que no tiene precio. En el negocio, aunque sean fijos, los clientes van y vienen y no crean ese vínculo”, explicó.
Confesó que le resulta frustrante la idea de no poder tener un sueldo digno como docente, lo que por momentos le despierta el impulso de querer dejar su puesto, pero insiste en que su vocación cobra más fuerza en esos instantes. “Obviamente ganando 180 bolívares quincenal (53 centavos de dólar a tasa del Banco Central de Venezuela) no da para nada, es que ni para un café”.
Aclaró que como su negocio tiene poco tiempo y es un local pequeño tampoco le genera algo superior a sus expectativas. Aseguró que por eso debe ser cuidadosa con cómo se administra para poder mantener a su familia.

Fabiola destacó la importancia de remunerar adecuadamente a los profesores si se busca un avance en el sistema educativo venezolano. Aseguró que, así como sucede con los estudiantes, la motivación es fundamental para que los maestros puedan rendir diariamente.
“Un docente motivado, que esté ganando bien, tenga beneficios y tenga el respeto, ante todo, haría que mejoren muchas cosas”, aseveró.
Otra cosa que le parece fundamental es fortalecer la formación del maestro desde las universidades. Encontrar el balance entre profesionales de calidad y buenos salarios sería, a su juicio, un gran paso en la educación venezolana.
Tareas dirigidas y ventas
María*, de 46 años de edad, atiende durante la mañana a 16 niños de tercer grado en una escuela de la Asociación Venezolana de Escuelas Católicas (AVEC) en Caracas, pero sus tardes las dedica a dar refuerzos pedagógicos a través de tareas dirigidas, lo que le permite tener mayores ingresos que los que le brinda la institución.
“Vengo del Pedagógico de Caracas, soy licenciada en Educación Integral y tengo ocho años trabajando en educación; he pasado por escuelas nacionales, distritales y privadas y por casi todos los grados de básica, lo único que no he trabajado es bachillerato”, contó durante una entrevista para El Diario.
Ella se describe como una persona emprendedora, porque siempre ha buscado opciones para poder cubrir los gastos de ser madre soltera. Además de sus dos actividades docentes, también se dedica al comercio.
A través de sus redes sociales ofrece productos como carteras o comidas. El pasado diciembre completó el dinero para sus gastos con la venta de platos navideños y pan de jamón.
“Desde que me independicé a mi mayoría de edad siempre fui muy emprendedora, no le tengo miedo a ningún tipo de trabajo, siempre y cuando sea honrado. A raíz de que me quedé sola con mis hijos, tuve que buscar otras entradas económicas”, detalló.

Confesó que ha tenido que ser creativa con cómo administra su tiempo y las ideas que surgen para generar ingresos, porque los cambios que ha tenido la economía durante los últimos años le han hecho más cuesta arriba el cubrir las necesidades de su familia.
“Creo que durante momentos difíciles para los maestros como la pandemia la economía fue un poco más flexible, pero ahora parece que por más que trabajamos, que inventamos o que emprendemos, es más difícil la economía”, indicó.
La fe como base
María explicó que su salario en la escuela es de 230 bolívares al mes y que a eso se le añaden bonificaciones que pueden variar entre los 30 y 40 dólares, mientras que ofreciendo tareas dirigidas y nivelación puede generar entre 50 y 100 dólares por semana.
“Más lo que yo pueda vender con mis productos, pongámosle que gane 3, 4 o 5 dólares por cada venta, todo eso va sumando y es mucho más que lo que se hace en el colegio”, añadió.
Admitió que por su cabeza ha pasado más de una vez la idea de abandonar las aulas y dedicarse a sus otras actividades. Sostuvo que la fe en un cambio y la vocación es lo que la mantiene dentro de un salón de clases todavía.
“Tenemos fe en que todo cambie y tengo vocación. Me encanta mi carrera, me encanta lo que hago, me encanta enseñar a mis niños, compartir con ellos, son momentos que de verdad nos marcan como educadores, lo que vivimos con ellos. Por eso es que pienso que la situación no me resulta económicamente, pero la escuela es lo que realmente me llena”, aseguró.

La maestra cree que un escenario ideal para los docentes no solo radica en tener mejores sueldos, sino en que se les otorgue beneficios como un seguro de salud o de vida que les dé mayor tranquilidad en el día a día.
“Yo estoy feliz de ser docente de la República Bolivariana de Venezuela y a mis colegas les digo de verdad que no pierdan la fe, porque pueden venir cosas mucho mejores y para ello debemos estar dentro del aula”, afirmó.
Ambas maestras coinciden en que los docentes venezolanos tienen las capacidades para salir adelante en medio de las crisis, pero mantienen su esperanza en que los años que vienen sean mejores para el sector que forma al futuro del país.
*Los nombres de las entrevistadas en este trabajo fueron cambiados a petición de las fuentes
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