Las colas para comprar combustible en La Habana han sido más largas que de costumbre en las últimas semanas. No es que los cubanos tengan más dinero, que haya una mayor oferta o que hayan bajado los precios. La gasolina que hoy puede comprarse en las estaciones de servicio se vende sobre todo en dólares y, pese a ser más cara, se agota rápido. Filas de coches se amontonan en las gasolineras. Dianelys es una joven emprendedora, fruto de la ligera apertura al sector privado, que tiene un viejo coche de marca soviética. Bromea con la idea de que la situación provocada por la escasez de combustible la obligará, en cualquier momento, a vender el carro y comprarse una bicicleta. “La última vez que fui a comprar combustible (la semana pasada) tuve que hacer una cola de 12 horas”.
