Por Gustavo Lainette
Activista político, fundador de la ONG Resistencia Venezolana
Durante más de dos décadas, el régimen chavista convirtió a Venezuela en una plataforma estratégica de Irán en el hemisferio occidental. No fue una alianza diplomática cualquiera. Fue un proyecto geopolítico y criminal que permitió a Teherán establecer redes económicas, financieras y logísticas en América Latina utilizando el territorio venezolano como base de operaciones. 
Mientras los venezolanos sufrían hambre, persecución y exilio, el chavismo abrió las puertas del país a los operadores del régimen iraní, a sus empresas pantalla y a sus redes de financiamiento.
Hoy muchos de esos actores siguen allí.
No usan uniformes militares.
Usan trajes de empresarios.
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Venezuela fue el laboratorio de Irán en América
Hugo Chávez y luego Nicolás Maduro sellaron una alianza ideológica con Teherán que se tradujo en acuerdos energéticos, financieros, industriales y militares. En esos años se crearon empresas conjuntas, bancos binacionales, proyectos industriales y redes comerciales diseñadas para evadir sanciones internacionales. 
Pero detrás de esa fachada económica operaba algo mucho más peligroso.
Investigaciones internacionales han señalado que Venezuela se convirtió en un punto de convergencia entre el régimen chavista, redes criminales y estructuras vinculadas a Irán y Hezbollah, que utilizaron el país para financiamiento ilícito, logística y expansión en la región. 
En otras palabras:
Venezuela dejó de ser solo una dictadura latinoamericana.
Se convirtió en un nodo de operaciones para actores hostiles a Occidente.
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Los iraníes no desaparecieron
El error que muchos analistas cometen hoy es creer que el problema terminó.
No terminó.
Porque el chavismo dejó sembrada una red.
Muchos de los operadores iraníes que llegaron a Venezuela se reciclaron como empresarios, importadores, contratistas y operadores financieros.
Algunos manejan compañías.
Otros controlan rutas comerciales.
Otros operan estructuras financieras para mover dinero.
Son redes que se mimetizaron dentro de la economía venezolana.
Y esas redes siguen activas.
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Esto ya no es solo un problema venezolano
Estados Unidos, Europa y los países democráticos deben entender algo:
Esto no es únicamente un problema interno de Venezuela.
Es un problema de seguridad hemisférica.
Cuando Irán logró penetrar Venezuela, no estaba pensando solo en Caracas.
Estaba pensando en:
• el Caribe
• Centroamérica
• las rutas del narcotráfico
• los sistemas financieros regionales
• y el acceso estratégico al hemisferio occidental
Por eso las autoridades estadounidenses han advertido que la presencia iraní en Venezuela representa una amenaza directa a la seguridad regional. 
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La próxima fase: desmontar la red
El colapso del régimen chavista —cuando finalmente ocurra— no resolverá automáticamente este problema.
Porque las redes no desaparecen.
Las redes se investigan, se identifican y se desmontan.
La próxima fase de esta lucha debe ser clara:
1. Identificar las empresas vinculadas a operadores iraníes del chavismo
2. Investigar sus redes financieras
3. Exponer a sus testaferros
4. Solicitar sanciones internacionales
5. Y llevar a los responsables ante la justicia
No estamos hablando de persecución.
Estamos hablando de seguridad internacional.
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El mundo libre no puede mirar hacia otro lado
Durante años advertimos lo que estaba ocurriendo en Venezuela.
Muchos no quisieron escucharlo.
Hoy el tiempo nos dio la razón.
El chavismo no solo destruyó un país.
Convirtió a Venezuela en la puerta de entrada de enemigos de Occidente en América Latina.
Y ahora llegó el momento de cerrar esa puerta.
Definitivamente.
Porque la libertad de Venezuela también es una batalla por la seguridad del hemisferio.
Y esa batalla todavía no ha terminado.


