Debió ser a finales de 1977 cuando Felipe González, por sugerencia de Willy Brandt, recién elegido presidente de la Internacional socialista, me encargara viajar a Argentina porque nos llegaban informaciones muy preocupantes sobre la brutal represión que estaba ejerciendo la Junta Militar tras el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976. Amnistía Internacional, entre otras ONG, emitía informes alarmantes sobre desaparecidos, asesinatos extrajudiciales, torturas y secuestros de jóvenes sospechosos de pertenecer a organizaciones guerrilleras como los Montoneros.