Ivan M. no recuerda la invasión rusa como una fecha, sino como una llamada de su madre: «La guerra ha empezado». Él era sólo un estudiante de bachillerato, pero la ciudad dejó de existir alrededor de él: «Vi a los rusos destruirla delante de mí», relata a EL MUNDO. Otro joven ucraniano, Ivan S., la recuerda como la continuación de una infancia atrapada desde 2014 en Lugansk, donde crecer significaba prepararse para ser ruso por obligación. Los dos eran menores cuando la guerra les cayó encima. Este martes en Madrid hablaron ante un grupo de senadores sobre su experiencia al otro lado del frente ruso.
