El régimen castrista se presentó hace muchos años como un tigre indomesticable y dispuesto a ser el rey de la selva jugando a la revolución dentro y fuera de casa. Nunca les fue suficiente a los hermanos Fidel y Raúl Castro imponer en Cuba su experimento comunista, con la antigua Unión Soviética como mentora y a cargo de subvencionar económicamente a su satélite en el Caribe. El hermano mayor de los Castro, insensato y megalómano, exportó su épica a otras partes de Latinoamérica con participación activa en guerrillas, complots y hasta actos terroristas. Era tan desmesurada su ambición, que envió a África jóvenes soldados cubanos para librar guerras en tierras lejanas donde perdieron la vida o regresaron con graves secuelas físicas y psicológicas.
