En la empresa familiar, tan difícil es ser el primero como el segundo. El primero es el emprendedor que arriesga y crea algo de la nada. El segundo es el que tiene que hacer suyo el proyecto para hacerlo más grande y dejarlo al siguiente eslabón de la cadena. En Mango, este paso no salió demasiado bien. El breve periodo en el que Jonathan Andic estuvo al frente de la compañía, entre 2014 y 2018, estuvo marcado por pérdidas millonarias y falta de un rumbo claro, hasta el punto de que el fundador de la firma de moda, Isak Andic, tuvo que interrumpir el año sabático que se había tomado para viajar por el mundo en su barco y retomar las riendas de la compañía al año siguiente: su hijo fue sustituido por Toni Ruiz, un ejecutivo externo a la familia.

