Los arrecifes de coral no son ciudades silenciosas bajo el agua. Crujen, vibran, se agitan y esconden pequeñas zonas donde la vida se concentra con una intensidad que puede pasar desapercibida. Ese ruido de fondo, que para un buceador puede parecer parte del paisaje, acaba de convertirse en una pista científica de primer nivel gracias a un robot autónomo capaz de seguir sonidos e imágenes para encontrar puntos calientes de biodiversidad y dar con vida que se esconde del ojo humano.
