La historia de las ciudades está escrita en sus paredes. En Creil, de unos 37.000 habitantes, hay un mural con niños que forman algo así como una ONU infantil: Amir, Assan, Idia, Oriane, Reoduan, Barthélemy, David, Aurelia… Y así podrían ser hasta 107 nombres, en representación de otros tantos países que convierten a este centro urbano e industrial venido a menos -a orillas del río Oise y a 68 kilómetros de París- en el espejo multicultural de esa «nueva Francia» de la que tanto se habla.
