El pasado 1 de mayo, El Vaticano anunció el nombramiento de Evelio Menjívar Ayala, hasta entonces obispo auxiliar en Washington DC, como obispo de la diócesis de Wheeling-Charleston, en Virginia Occidental, una zona rural, blanca y muy conservadora de Estados Unidos. En otro momento, la decisión de nombrar a un salvadoreño para un puesto de ese calibre habría sido ya de por sí un hito por su trasfondo y su mensaje, y también una pequeña provocación. Pero la decisión del Papa, en un momento delicado en las relaciones entre Roma y su país de origen, va mucho más allá. Porque Menjívar Ayala llegó aquí como inmigrante ilegal en el maletero de un coche, huyendo de la guerra civil en El Salvador. Y si algo caracteriza su discurso es una defensa cerrada de todo lo que Donald Trump denosta.
