Nada le ha salido a Donald Trump como esperaba en Irán. Más de tres meses después de lanzar un ataque coordinado con Israel sobre su principal enemigo en Oriente Próximo, Washington ha logrado alcanzar un acuerdo de paz con Teherán sin dejar resuelto ninguno de los objetivos con los que la Administración del republicano trató de justificar un ataque sin permiso del Congreso, ni respaldo de la OTAN ni un argumento lógico para justificarlo. El resultado es un fiasco considerable: el programa nuclear iraní sigue en pie, la división interna republicana es considerable y el descontento del estadounidense medio amenaza con infringir un castigo histórico a los conservadores en las urnas en los comicios de noviembre.