En El mundo sin nosotros, Alan Weisman (Mineápolis, 1947) nos proponía un fascinante ejercicio de imaginación: «Si la especie humana desapareciera de pronto ¿qué quedaría de nuestro paso por el planeta y cuántos años tardaría la Tierra en recuperar el equilibrio?». En Lo último que se pierde (Debate), el periodista y divulgador científico se hace ahora una pregunta si acaso más apremiante: «¿Cómo adaptarnos a un mundo más caliente e impredecible, pero aún reconocible, por las condiciones que nosotros mismos hemos creado?».