El profesor de Harvard Gary Ruvkun (Berkeley, Estados Unidos, 1952) forma parte del selecto grupo de científicos que ha logrado hacerse con un Nobel gracias a un gusano. En concreto, el bautizado como Caenorhabditis elegans, un diminuto organismo en el que ya se fijó el sudafricano que revolucionó la biología en el siglo XX, Sydney Brenner. Este investigador, que eligió al bichito porque era simple y cabía en un microscopio, llegó a agradecer al gusano el Nobel de Medicina que consiguió en 2002.