En septiembre del año 2022, un comerciante de cereal ucraniano pero de origen húngaro llamado Robert Brovdi (alias Magyar) decidió vigilar los movimientos de las tropas rusas que invadían Ucrania usando un dron de la marca Mavic con el que había grabado vídeos de su boda. La calidad de imagen y la autonomía eran tan buenas que decidió comprar decenas de aparatos similares con dinero de su propio bolsillo para entrenar a los miembros de su unidad.