El sonido de explosiones profundas y prolongadas permanece muy vívido en el recuerdo de las personas que despertaron en Caracas la madrugada del 3 de enero.
Casi inmediatamente después de las primeras dos o tres detonaciones, iniciaron las llamadas entre familiares dentro y fuera del país. La mayoría se hacían la misma pregunta: “¿Sabes qué está pasando?”, pero la incertidumbre era lo único confirmado durante los primeros minutos.
Un poco más de 48 horas habían pasado desde que el venezolano había gritado el “feliz año”, por lo que quienes estaban fuera de la capital y con sus horarios movidos por los días libres también permanecieron en vela por lo que sucedía en Caracas y que, en pocos minutos, se extendió a La Guaira, Miranda y Aragua.
El recuerdo de las primeras horas
Gabriela* estaba ap unto de dormirse cuando escuchó el sonido de helicópteros que sobrevolaban la ciudad. Su reacción fue ver por la ventana de su apartamento, ubicado en el centro de Caracas, para averiguar qué sucedía; justo después de eso oyó las primeras explosiones.
“Sentí mucha ansiedad de no saber qué estaba pasando con claridad, miedo porque no sabía si todos mis seres queridos estaban bien y mucha confusión, pero, sobre todo, sentí fe y esperanza de que por fin algo estaba pasando después de esperar tanto”, contó Gabriela en entrevista para El Diario.
Recuerda que revisó Internet y redes sociales en busca de información. Muchas personas en viviendas con vistas panorámicas y ubicadas en residencias altas lograron grabar algo de lo que ocurrió y subirlo a plataformas como TikTok o Instagram. Además, explicó que alrededor de las 5:00 am fue que pudo encontrar información oficial del gobierno de Estados Unidos.

“Estaban confirmando que fue un operativo de extracción a Nicolás Maduro y que ya lo habían capturado, entonces solo nos tocó esperar hasta la rueda de prensa de la Casa Blanca, que fue como al mediodía, para que nos explicaran si era real. Me pareció increíble, si esto iba a pasar no me lo esperaba tan pronto, de verdad que todos quedamos en completo shock por esta operación y lo que significa para el país y los venezolanos”, agregó.
A María* la despertó la voz de su novio pidiéndole que llamara a su mamá. Él había escuchado varias explosiones la madrugada del 3 de enero y entre el miedo comenzaron con las llamadas a sus familiares.
“La llamé, me dijo que estaban bombardeando y preguntó cómo estábamos, ya que vivimos cerca del Palacio de Miraflores (sede principal del gobierno venezolano). Mientras yo hablaba con ella, mi novio estaba en la sala hablando con su mamá, ambos tratábamos de entender qué estaba ocurriendo”, describió para El Diario.
El miedo le despertó una sensación de estar a punto de vomitar. Cuando terminaron de asegurarse de que sus familiares estaban bien, María armó un bolso con cosas importantes como sus documentos, enlatados, agua y comida para sus mascotas. A la par, ambos buscaron información de lo que estaba pasando.
“Creo que tardé 10 minutos en entender realmente lo que estaba sucediendo porque inmediatamente empezamos a ver noticias en YouTube y en redes sociales. Lo sentí como un desenlace exitoso. En el fondo, estaba esperando que algo así ocurriera, y me dio cierta tranquilidad ver que fue una operación organizada. Aun así, no dejaba de pensar en todo lo que podía implicar”.
Buscar la calma
Más que miedo, Patricia* recuerda que pasó la madrugada del 3 de enero intentando calmar a su mascota, su perrita estuvo alterada por los sonidos de los helicópteros y las detonaciones durante varios minutos. Cuando todos los ruidos pasaron, intentó hacer lo mismo con el resto de su familia.
“Después solo me dediqué a informarme con detalle lo que estaba pasando por redes sociales. Fue increíble confirmar que lo que se había anunciado, que no era una promesa más sin cumplir y tuvo muchos sentimiento encontrados, porque empecé a pensar que podré ver de nuevo a mi hermano y familiares que están fuera sin poder regresar”, explicó.

Recuerda que una de las cosas que le ayudó a mantener la calma fue la fe. En ese momento oró por Venezuela y por las personas que pudieron haber muerto en el proceso. Días después, las autoridades venezolanas informaron que al menos 100 personas murieron en los ataques, entre civiles y militares venezolanos, asi como funcionarios de nacionalidad cubana.
Ramón* contó que se miró a los ojos con su esposa y soltó la frase “entraron los gringos”, justo después de las primeras detonaciones. Al revisar su teléfono, encontró lo que él llamó un “hervidero” de mensajes
“Sonó el teléfono y era un familiar que vive hacia San Diego de los Altos, donde pudo ver las explosiones de Fuerte Tiuna más cerca. Al levantarnos de la cama el WhatsApp era un hervidero de mensajes de familiares y amigos enviando videos de las incursiones aéreas y de las explosiones en distintos puntos de Caracas en una toma desde el Ávila”, comentó para El Diario..
Explicó que una de sus preocupaciones en ese momento fue que dos hijos adolescentes estaban en La Guaira con una tía y en sus planes estaba el de encontrarse con ellos el 3 de enero en el transcurso del día.

“Llamamos de inmediato, pero al parecer todos estaban dormidos. Solo uno de ellos contestó. No escucharon nada. Quedaba solo esperar el amanecer para que se enteraran de todo y decidir qué iban a hacer. Obviamente, para nosotros, el paseo quedaba cancelado. Mi esposa es muy creyente y rezó el rosario, yo la acompañé. Hice meditación, consumí noticias, pero las dosifiqué”, explicó Ramón.
Regresar a la rutina
El regreso a la cotidianidad fue algo muy individualizado. Para unos el proceso fue casi inmediato, mientras que otros prefirieron estar completamente seguros de que no habría ataques de EE UU ni detenciones arbitrarias por parte de cuerpos de seguridad del Estado venezolano.
“Los primeros días fueron de incertidumbre total, la verdad no salí de casa hasta no sentirme segura de que no me pasaría nada afuera. Para el 14 o 15 de enero puedo decir que fui recuperando mi rutina normal”, explicó Gabriela.
Aunque pudo retomar sus actividades con normalidad, desde lo personal admitió que ha sentido muchos cambios. La caída del precio de la criptomoneda estable USDT, que sirve de referencia para el dólar no oficial, la excarcelación de presos políticos y el anuncio del cierre de El Helicoide son algunos de los hechos que más la han impactado en las semanas recientes.
“Todos los hechos políticos de las últimas semanas se reflejan en cada venezolano porque después de tantos años esperando un cambio de gobierno, ha llegado la oportunidad y este es un momento histórico que nos arropa a todos porque de lo que pase de ahora en adelante dependerá nuestro futuro, el de nuestros hijos y nietos”, agregó.
Para María la adaptación fue más difícil desde lo emocional, los primeros días le costó recuperar la calma y después de una semana fue que se sintió más estable, aunque cada noticia de los cambios políticos le deja una huella.
Ramón fue uno de los que intentó retomar la rutina lo antes posible. Al día siguiente fue a hacer compras, pero notó que había mucho miedo entre las personas salieron a las calles.

“Ya el lunes 5 acompañé a mi padre a una clínica para que fuera chequeado por un oftalmólogo, ya que en diciembre perdió la visión por un ojo. Si bien ese día perdimos el viaje, ya el Día de Reyes lo vieron y le diagnosticaron que su lente interno se movió por un traumatismo y había que operar. Mis hijos volvieron a casa el 4 de enero. Fue necesario racionalizar los recursos y hacer un plan de comidas para la semana”, explicó.
Fabiana* decidió retomar sus actividades de inmediato apenas notó que los ataques cesaron. Ella trabaja en una cadena de supermercados cerca de su casa y sabía que ese día había pocos negocios abiertos y mucha gente intentando abastecerse.
“Yo en ese momento pensé que, como no había nada abierto, podía contribuir con mi familia y además ayudar a otras personas a poder comprar comida”, comentó para El Diario.
Uno de los retos de adaptarse a la nueva normalidad fue brindarle un escenario tranquilo a su hijo de 7 años de edad, él no sabía lo que sucedió, pero preguntaba constantemente si algo ocurría.
“No le dijimos nada en el momento, al día siguiente preguntaba mucho y le barajamos la situación positivamente. Inclusive justo cuando decretaron el inicio de clases también hizo muchas preguntas, pero igual esa semana no fue”, agregó.
La expectativa por los cambios políticos
Lo que ha ocurrido en Venezuela desde el 3 de enero ha despertado el interés de los venezolanos nuevamente en la política. Algunos admiten estar esperanzados por un cambio, mientras que en otros casos reina el escepticismo
Aunque María trata de seguir su vida con normalidad, está consciente de los cambios que ocurren y se mantiene atenta a ellos. Para ella lo más significativo ha sido la excarcelación progresiva de presos políticos.
“Sé que todavía faltan muchos, pero lo veo como un avance. Me genera una sensación extraña, una mezcla de alivio y cautela, pero también la esperanza de que quizás exista un camino hacia una salida”, comentó.

Patricia mencionó que al día siguiente, en medio de una jornada de compras nerviosas, tuvo la extraña sensación de revivir lo que experimentó en 2016 en medio de colas para alimentos y la incertidumbre de si podría comprar algo.
“Fue doloroso revivir esos días, pero siempre tuve en mente la idea de que ahora las cosas tenían que ser diferentes. Evidentemente, con los días nos dimos cuenta de que la economía del país ha dado un vuelco. Aunque sigue en aumento el dólar oficial y eso hace que los precios sigan subiendo. Entiendo que es parte del proceso y para tener un cambio debemos seguir resistiendo porque ya iniciamos”, indicó.
Ramón, en cambio, describió el entorno como una normalidad controlada, considera que el venezolano ha desarrollado una habilidad para observar la política y contener sus expectativas, luego de tantas decepciones.
“Si bien desde el discurso oficial se trata de seguir mostrando una línea dura, exigiendo la libertad de Maduro y Cilia Flores, y haciendo entender que ellos tienen el control, parece que este fuese más una arenga para sus seguidores, ya que desde EE UU se nota a un Trump seguro, confiado en que el gobierno interino está colaborando con el gobierno estadounidense. Envió personal diplomático a Venezuela y ya se habló de volver a abrir el espacio aéreo”, dijo.
Él también mencionó la salida de prisión de algunos presos políticos como un paso importante, aunque aclaró que aún no son suficientes. Asimismo, destacó que los cambios en políticas financieras como la reforma de la Ley de Hidrocarburos y la apertura a nueva inversión extranjera son aspectos llamativos en este proceso.
Al recordar los hechos del 3 de enero, Ramón insiste en que desaprueba el uso de la fuerza y que se vulnere el derecho a la vida por una causa política. Comentó que esto no debe ser motivo para justificar las violaciones de derechos humanos cometidas por entes del Estado en las últimas décadas.
“Ante un mal u otro, era preferible que EE UU interviniera para hacer valer los derechos de la mayoría de los venezolanos que votaron por un cambio de régimen en 2024. ¿EE UU solo quiere el petróleo y los recursos minerales de Venezuela? Es cierto, pero ¿Es que acaso Cuba, China, Rusia e Irán eran solo benefactores cándidos? Si otro país va a explotar los recursos de Venezuela que lo haga pagando el precio justo, no pagando a bajos precios o, lo que es peor, con espías, armas y herramientas de tortura, y además con el hambre del pueblo”, agregó.

¿Cómo lo vivió el venezolano en el exterior?
William* vive en Bogotá, Colombia, desde hace más de un año y se mantiene en constante comunicación con sus hermanos en Caracas. Recuerda que la noche del 2 de enero llegó de trabajar cerca de las 11:00 pm en Colombia y el resto de la noche y madrugada estuvo navegando en redes sociales.
Un video en Instagram de supuestos helicópteros sobrevolando Caracas en la madrugada del 3 de enero lo alertaron, pero no estaba seguro de creerlo porque muchas noticias falsas sobre Venezuela habían circulado desde hace meses.
“Lo primero que hice fue chequear la parte de en qué momento se publicó esa información y me decía ‘Hace 5 minutos’, ese era el famoso video donde salen los helicópteros volando grandes hacia Fuerte Tiuna. Ahí es cuando le escribo a mi hermano, pero para no asustarlo solo le dije ‘Hola ¿Cómo está todo?’ Y mi hermano me informa desde Caracas que ellos están bajo asedio de algunas explosiones y no se sabía realmente cómo era el asunto”, relató para El Diario.
Describió el momento como algo inusual y confuso, porque en los primeros minutos no se sabía si se trataba de un ataque extranjero o local. Pensó en la extracción que EE UU hizo a Manuel Noriega en Panamá en 1989, pero también en la posibilidad de un golpe de estado o un conflicto de grupos irregulares armados.

“A medida que salía más información y que sabía un poco más qué era lo que pasaba me fui comunicando con mis otros familiares en Caracas. Pasé el resto de la mañana chequeando qué sucedía, porque uno entra en desespero, pero también te da como un alivio el saber que pudieron sacar a Maduro de Venezuela”, comentó.
Con los días ha continuado informándose de los constantes cambios en el país, aunque en sus planes inmediatos no está regresar, sí espera que haya mejoras para sus familiares que aún viven allí.
Sara*, por su parte, vive y trabaja en Fort Lauderdale, Florida (EE UU), mientras que sus padres aún residen en Venezuela. Tiene casi dos años sin poder verlos porque no han podido renovar sus visas de turistas por el endurecimiento de las políticas migratorias de Trump.
En la madrugada del 3 de enero recibió una llamada de su mamá desde Caracas que la despertó. Inmediatamente le dijo que la capital era bombardeada en ese momento, le aclaró que ellos estaban bien, pero no sabían lo que sucedía.
“Tenía temor no solo por mis familiares, sino también por todos los venezolanos, especialmente los que están en Caracas. Le escribí a mis amigos que estaban en Caracas para ver si estaban bien. No pude dormir, estaba muy ansiosa revisando las noticias”, comentó para El Diario.
Cuando su mamá le confirmó que todos estaban bien y que los ataques cesaron, decidió dormir un poco. Contó que a las 7:00 am la despertó su pareja y le contó que habían capturado a Maduro.
“No sabía si sentirme feliz, no sabía si era verdad, entonces me metí a ver las noticias y me impactó muchísimo. Estaba en shock, no podía creer lo que estaba pasando. Tuve incluso momentos de negación como hasta que vi la foto”, agregó.
Mencionó que sentía más temor que alegría durante ese primer día, porque tenía la idea de que recibiría la noticia de que algún conocido había muerto en los ataques. Sin embargo, con los días las noticias oficiales le ayudaron a bajar los nervios.
“Claro que sí, sigo al corriente, estoy pendiente de los presos políticos y lo que más quiero es que se arregle mi país. Uno no puede ser egoísta y pensar que como las cosas se están arreglando allá, entonces aquí ya vamos a tener problemas para nuestros papeles, yo no quiero pensar solo en mí misma. Quiero pensar en todo el país, en todos los venezolanos que sí nos merecemos tener un país libre, democrático y seguro”, añadió.
*Los nombres de las personas consultadas en este trabajo fueron cambiados por petición de las fuentes.
La entrada A un mes del 3 de enero: venezolanos retomaron sus rutinas entre la incertidumbre y la esperanza se publicó primero en El Diario Venezuela – elDiario.com.
