<p>La Luna ha regresado a la agenda política con la misión <strong>Artemis 2 </strong>y, con ello, a los planes de futuro de las agencias espaciales. La aparición en escena, además, del sector privado, ha renovado el interés por poner de nuevo el pie en la superficie de nuestro satélite. La realidad es que no hemos dejado de visitar a nuestra vecina más próxima con misiones científicas desde hace más de 50 años. Lo que ha cambiado es que la componente de exploración se ha vuelto más ambiciosa, ya no es solo «volver a la Luna» sino hacerlo «con misiones tripuladas y para establecer bases permanentes».</p>
