Cuando en 2008 el misterioso Satoshi Nakamoto dio vida a bitcoin, lo hizo con la ambición de crear un sistema monetario descentralizado y seguro, independiente de gobiernos, bancos centrales y grandes corporaciones. El colapso de Lehman Brothers, los rescates bancarios y la crisis de las hipotecas subprime habían erosionado la confianza en el sistema financiero tradicional. Aquella indignación colectiva se convirtió en el caldo de cultivo para la creación de un sistema paralelo, nativo digital. El universo cripto se cimentó sobre la narrativa de David contra Goliat: la lucha de bitcoin y de los activos digitales contra bancos centrales e instituciones, en nombre de la libertad financiera frente al control centralizado.
