El hombre que agredió sexualmente el martes a la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, a la vista de una decena de personas y ante las cámaras, lanzó, posiblemente sin pretenderlo, un potente mensaje. Al acercarse a la presidenta y tocarle un pecho, intentar darle un beso y seguir tocándola, le dijo a cualquier mujer ―desde ejecutivas a maestras, limpiadoras, abogadas o jardineras― que no importa quiénes sean, qué trabajo tengan o qué cargo ejerzan, porque son vulnerables solo por ser mujeres a una violencia que, que en distintos grados, sufren a diario millones de ellas en México, España, Japón, Estados Unidos o Uganda. En todo el mundo.