<p>Para encontrar un referente histórico a la altura habría que remontarse hasta el Caribe del siglo XVII. El infame pirata Henry Morgan convirtió su dominio naval en una forma de control económico con su sistema informal de peajes. Operando desde bases como Jamaica y con patente de corso inglesa, Morgan interceptaba rutas comerciales españolas y sometía a los barcos a una disyuntiva simple: <strong>pagar, entregar parte de la carga o arriesgarse al ataque</strong>. En ese contexto, muchos capitanes optaban por negociar su paso, lo que generó una dinámica de extorsión recurrente basada en la reputación y el miedo.</p>
