Existen dos imágenes completamente distintas que resumen lo que fue la política venezolana durante el año 2025. En la primera, se ve a un Nicolás Maduro triunfante tras su juramentación para un tercer mandato y avanzando con una propuesta de reforma constitucional, mientras la oposición liderada por María Corina Machado y Edmundo González atravesaba un periodo de desmovilización y represión, con la detención de varios de sus dirigentes.
Para el segundo semestre del año, la fotografía es otra. Maduro, ahora vestido de militar, blande la espada de Bolívar hablando de resistencia y lucha armada, mientras Estados Unidos realiza en el mar Caribe un operativo antidrogas que, por sus dimensiones, mantiene a la comunidad internacional expectante de un posible choque con Venezuela. El foco también gira hacia Machado, quien difunde su palabra en las pantallas del mundo, apoyada por el reconocimiento del Premio Nobel.
Son dos radiografías con diagnósticos distintos, pero que surgen como resultado de una misma fuente: los acontecimientos de 2024. Un año que empezó con hitos de organización ciudadana y acuerdos políticos con la entonces administración de Joe Biden en Estados Unidos. Tuvo su punto cumbre en las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024, cuando el Consejo Nacional Electoral (CNE) proclamó a Nicolás Maduro a pesar de que la oposición defendía la victoria de Edmundo González basadas en las actas de votación recogidas por sus testigos.
A partir de allí comenzó una ola de represión que aún resuena en la actualidad: más de 2.000 detenidos, 25 muertos y los principales líderes de la oposición presos o perseguidos. Entre ellos Machado, quien aparentemente se mantiene en la clandestinidad, mientras González debió partir al exilio. Sin embargo, con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, las reglas del juego parecen haber cambiado en el país, adentrándose en un territorio inédito en su historia reciente, y cuyo desenlace aún sigue en desarrollo, entre la expectativa y la incertidumbre.
Por ese motivo, El Diario resume los principales acontecimientos que marcaron el acontecer político de Venezuela durante el año, llevando como un efecto dominó hasta la situación actual.
Gira internacional

El 2025 comenzó con una cuenta regresiva hasta el 10 de enero, cuando le correspondía al presidente electo tomar posesión para el periodo 2025-2031. Nicolás Maduro mantenía los preparativos para su acto en medio de un fuerte despliegue de cuerpos de seguridad e inteligencia en Caracas y varias ciudades del país. Mientras tanto, desde noviembre de 2024, Edmundo González había anunciado su intención de regresar al país tras meses en el exilio para juramentarse.
Así, González emprendió el 4 de enero una gira por América Latina que empezó en Argentina, donde se reunió con el presidente Javier Milei. Esa misma tarde estuvo en Uruguay para entrevistarse con el entonces presidente Luis Lacalle Pou y el 6 de enero viajó a Estados Unidos, para encontrarse en la Casa Blanca con el presidente Joe Biden y con Mike Waltz, asesor de Seguridad de Donald Trump, quien estaba por asumir el poder.
Su gira también incluyó una escala en Panamá el 7 de enero, donde entregó al presidente José Mulino las actas de votación que demostraban su victoria para ser resguardadas en el Banco Nacional. Finalizó en República Dominicana, recibido por el presidente Luis Abinader, para participar en el “Acto de apoyo a la democracia en Venezuela” junto a varios exmandatarios del Grupo Idea.

A pesar de esto, durante esos días no ocurrió ningún evento que marcara un cambio político en Venezuela. Por el contrario, el 6 de enero su yerno, Rafael Tudares, fue detenido por funcionarios encapuchados cuando llevaba a sus hijos al colegio. En los meses siguientes, Adriana González, hija del líder opositor, denunciaría que su esposo ha permanecido en situación de desaparición forzada. El 1° de diciembre se informó que Tudares fue condenado a 30 años de prisión durante una audiencia repentina en los tribunales de Caracas, lo que fue confirmado días después por su esposa.
González tampoco tuvo garantías para un regreso seguro al país. Aunque intentó acercarse acompañado por varios expresidentes, su vuelo debió regresar a Santo Domingo por motivos de seguridad. González explicó luego que las autoridades habían cerrado su espacio aéreo e incluso activado equipos militares para impedir su llegada.
El último intento

Para los analistas Alejandra Martínez y Walter Molina, el 9 y 10 de enero fueron días claves que marcaron el curso político del año. En el contexto del anunciado regreso de González, la líder opositora María Corina Machado había convocado para el 9 de enero a una jornada de movilizaciones en más de 35 países, así como en varias ciudades venezolanas.
Ese día, en Caracas, María Corina Machado y Juan Pablo Guanipa reaparecieron en una concentración tras varios meses en la clandestinidad. Sin embargo, en varios estados se registraron ataques contra los manifestantes por parte de colectivos armados y cuerpos de seguridad, que dejaron varios heridos y 14 personas detenidas. De acuerdo con la organización Foro Penal, sumando otros arrestos ocurridos antes y después del acto, en total se reportaron 83 detenciones políticas en los primeros 12 días del año.

La propia María Corina Machado fue objeto de esta misma represión. De acuerdo con su testimonio, tras retirarse del acto fue interceptada por agentes de la Policía Nacional Bolivariana (PNB), quienes la derribaron de la moto en la que iba y la retuvieron junto a su conductor. En unas horas confusas donde no se supo su paradero, apareció en redes sociales un video de ella en un parque afirmando que estaba bien, aunque luego la opositora reveló que había sido grabado por los mismos policías antes de dejarla ir. Por su parte, desde el gobierno se negó el arresto alegando un supuesto “falso positivo”, aunque luego se confirmó la captura del motorizado de Machado.
“Podemos decir que ese fue el último intento de provocar un cambio político a partir de crear condiciones a lo interno del país”, comentó al respecto Martínez, quien es historiadora y directora del área de América Latina de la Fundación Libertad y Desarrollo en entrevista para El Diario.
Al día siguiente, como tenía previsto, Nicolás Maduro se juramentó para su tercer mandato consecutivo, acumulando ya 12 años en el poder. No lo hizo en el Hemiciclo Protocolar de la Asamblea Nacional como de costumbre, sino en el Salón Elíptico, ante un reducido número de invitados y horas antes de lo que inicialmente se había anunciado. “Hoy Maduro consolida un golpe de Estado”, denunció entonces Machado en un mensaje por redes sociales.
Cambio de enfoque

Martínez señala que otro punto importante del año fue la llegada de Donald Trump por segunda vez a la presidencia de Estados Unidos, el 20 de enero de 2025. En un principio la relación del republicano con Venezuela generó muchas dudas, sobre todo por sus comentarios ambiguos sobre Maduro durante su campaña.
Las sospechas de un acercamiento más diplomático se avivaron el 31 de enero, cuando el enviado especial de Trump, Richard Grenell, visitó Caracas y se reunió en el Palacio de Miraflores con Maduro y Jorge Rodríguez. En un tono de total cordialidad, lograron un acuerdo para iniciar los vuelos de deportación de migrantes venezolanos de Estados Unidos.
“Eso hizo a muchos suponer que la estrategia de máxima presión era cosa del pasado y que Trump optaría por la negociación entre hombres fuertes con Maduro”, indicó. Las gestiones de Grenell contrastaban con las del secretario de Estado, Marco Rubio, quien mantenía un discurso más radical contra Maduro y promovía el apoyo a Edmundo González y María Corina Machado.

Este choque tuvo sus altas y bajas en diferentes momentos. Por ejemplo, el 6 de mayo, cuando Rubio confirmó la participación de su despacho en la liberación de los cinco opositores asediados en la Embajada de Argentina en Caracas, a través de la “Operación Guacamaya”. Por su parte, Grenell logró la liberación de varios ciudadanos estadounidenses presos en Venezuela, aunque también se involucró en la negociación para la reanudación de la licencia de la petrolera Chevron para operar en ese país, representando la principal fuente de divisas para el gobierno de Maduro.
Martínez señala que la “Operación Guacamaya” marcó un punto de inflexión en la relación de Estados Unidos con Venezuela, donde el enfoque de Marco Rubio cobró cada vez más fuerza en el discurso político de Washington, con voceros de la Casa Blanca y el propio Trump refiriéndose abiertamente a Maduro como un gobernante “ilegítimo”. De hecho, el 6 de octubre el periódico The New York Times reportó que Trump le ordenó a Grenell suspender sus gestiones diplomáticas con el gobierno venezolano, en medio de las tensiones militares en el mar Caribe.
Ola represiva

La llegada de Trump representó un segundo aire para la oposición venezolana. Martínez indica que al agotarse las posibilidades de forzar un cambio desde lo interno, la estrategia se orientó a apoyar la presión externa, y con acciones más contundentes que presionen al gobierno de Maduro.
Reconoce que la principal coalición política opositora, la Plataforma Unitaria Democrática, perdió fuerza producto de la represión que les ha impedido no solo volver a las calles, sino incluso organizarse públicamente sin ser perseguidos. “No es que antes no haya sido difícil, pero ahora es prácticamente imposible, al punto que varios liderazgos han decidido enterrar la cabeza como el avestruz para no ser detectados por la maquinaria represiva, y otros, valientemente, han decidido operar en la clandestinidad, asumiendo los enormes riesgos que eso conlleva”, aporta.
De acuerdo con Foro Penal, solo en el primer trimestre del año se reportaron 119 detenciones por razones políticas. Muchas como continuación de la política de persecución contra dirigentes políticos y miembros de la sociedad civil como abogados, activistas de derechos humanos, sindicalistas y economistas. Esto continuó en el mes de mayo, cuando las autoridades venezolanas reportaron más de 50 arrestos en un operativo para desmantelar una presunta red de desestabilización.

El 23 de mayo se anunció la detención de Juan Pablo Guanipa, dirigente de Primero Justicia y uno de los rostros más visibles de la oposición. Justamente una semana antes, El Diario lo había entrevistado en una videollamada desde un lugar desconocido, donde habló sobre el estado de la lucha política venezolana y la unidad de la oposición. Junto a él también fueron apresados varios ciudadanos extranjeros, así como el periodista Carlos Marcano y la activista Nahomi Arnaudez, entre otros.
“Luego de María Corina y Edmundo, el liderazgo más importante es el de Juan Pablo Guanipa. Es hasta paradójico que los tres estén cada uno en situaciones que describen a la perfección a este régimen criminal: el exilio, la clandestinidad y el secuestro”, señala al respecto el politólogo Walter Molina, en entrevista para El Diario.

Así, el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (OVCS) determinó que el número de protestas en el país disminuyó un 48 % durante el primer semestre de 2025 respecto al año anterior. De las 1.249 protestas registradas en ese periodo, la mayoría se centró en reclamos por servicios públicos o reivindicaciones laborales. Sin embargo, destacó la acción de movimientos como el Comité por la Liberación de los Presos Políticos (Clippve), que realizó concentraciones pacíficas frente a iglesias e instituciones públicas.
No obstante, las secuelas de la represión se mantuvieron latentes. El Clippve denunció durante el año múltiples irregularidades contra los presos políticos como traslados arbitrarios, suspensión de visitas, maltratos y condiciones inhumanas. Se conoció además la muerte del exgobernador de Nueva Esparta, Alfredo Díaz, el 6 de diciembre de 2025 mientras estaba bajo custodia en El Helicoide. La organización aseguró que otros presos políticos excarcelados como Lucía Barrios o Jonathan Rodríguez también fallecieron luego de que su salud se deterioró durante su tiempo detenidos.
Elecciones y escisiones

Durante el año 2025, el CNE mantuvo su cronograma, a pesar de la controversia que dejó la elección presidencial del 28 de julio. Incluso sobre el hecho de que, para el momento de publicación de este trabajo, su página web lleva más de un año inoperativa por un presunto ciberataque que no ha permitido ver los resultados desglosados de estos comicios ni la información detallada de los otros eventos que realizaron después.
El 25 de mayo se realizaron elecciones parlamentarias y regionales, en las que la oposición liderada por Machado decidió no participar argumentando que aún seguía pendiente resolver las denuncias de fraude en las presidenciales. No obstante, algunos sectores políticos de oposición prosistema sí acudieron al llamado, lo que provocó tensiones entre los grupos que estaban a favor y en contra de la abstención.

Un mes antes, el 25 de abril, la Plataforma Unitaria informó la exclusión de los partidos Un Nuevo Tiempo (UNT) y Movimiento por Venezuela (MPV), que decidieron participar en las elecciones. Igualmente, Primero Justicia expulsó a uno de sus principales líderes, Henrique Capriles, junto a un grupo de militantes que se postularon de espaldas al partido. Más adelante formarían un nuevo movimiento llamado Unión y Cambio, apoyado por una alianza de sectores autodenominados “moderados”, coordinados por figuras como Jesús “Chúo” Torrealba y el periodista Vladimir Villegas.
A pesar de la tesis de estos sectores de mantener la vía electoral como forma de protesta pacífica y de conquistar espacios institucionales para el cambio político, los resultados no fueron los esperados. El oficialista Polo Patriótico se hizo con 253 de 285 escaños para la Asamblea Nacional. Apenas algunos dirigentes como Capriles lograron ser electos mediante una denominada “lista nacional” que fue denunciada por otros opositores al no estar contemplada en la Constitución.
Igualmente, en las elecciones municipales del 27 de julio, el oficialismo se hizo con 285 de 335 alcaldías. En ambos comicios, otros grupos con más cercanía al gobierno, como la Alianza Democrática o Fuerza Vecinal obtuvieron mejores resultados, manteniéndose como la principal corriente dentro de la oposición prosistema.
Balance opositor

Molina consideró los resultados de ambas elecciones como una demostración de rechazo de la ciudadanía a los sectores disidentes al liderazgo de González y Machado. Agregó que si bien el CNE arrojó índices de participación cercanos al 27 % en el caso de las parlamentarias y 29 % en las municipales, la abstención se impuso en gran parte del país, apegándose a la instrucción dada por Machado.
“La sociedad venezolana alcanzó un nivel de claridad política inusual: distingue con precisión quién representa la causa democrática y quién funge como accesorio del régimen. Por eso no movilizaron a nadie: el país los percibe como irrelevantes o cómplices”, señala.
Por su parte, Martínez explicó que el error de figuras como Capriles fue apostar por una coexistencia política con el gobierno luego del quiebre democrático que representó la presidencial de 2024 y su posterior represión. “Luego tienes a otro sector mayoritario, representado en María Corina Machado, que ha entendido perfectamente la naturaleza del régimen venezolano, al que ha definido como una estructura criminal, y a la cual yo también me he atrevido a definir como una tiranía en forma pura que está apostando a una sucesión dinástica”, acota.

En este sentido, afirma que si bien hubo una escisión política por parte de estos sectores, la alianza formada entre Machado y la Plataforma Unitaria todavía cuenta con un amplio apoyo popular. Para muestra cita el estudio realizado por la firma británica Panterra (antes Clear Path) en septiembre de 2025, donde 66 % de los encuestados identificados como “no-chavistas” ve favorable el liderazgo de Machado y 69 % cree que debe seguir al frente de la oposición. Una caída respecto al 90 % que acumuló tras su victoria en las primarias de 2023, y que la analista atribuye al manejo de las expectativas de cambio y la frustración tras la juramentación de Maduro.
“El saldo de Machado sigue siendo positivo contra todo pronóstico, lo cual es una hazaña si vemos lo que ha sido eso que yo he llamado la ‘trituradora de liderazgos’ que es la opinión pública venezolana con otros personajes de la oposición en el pasado”, apunta.
Aguas turbulentas

Otra fecha clave para Molina fue el 25 de julio. Ese día, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos incluyó al Cartel de los Soles en su lista de “entidades de terroristas globales especialmente designados” (SDGT). Aunque la retórica de Washington sobre el tráfico de drogas hacia Venezuela y su vínculo con el gobierno había sido intensa desde la candidatura de Trump, ahora cobraba una nueva dimensión, con sanciones económicas y acciones concretas contra estas estructuras.
El mismo 10 de enero, la administración de Joe Biden había subido la recompensa por Nicolás Maduro de 15 millones de dólares a $25 millones. El 8 de agosto, Trump autorizó al Pentágono para ejercer acciones militares contra el narcotráfico y subió la recompensa a $50 millones, la más alta en la historia estadounidense, igualando a la que en su momento se ofreció por Osama Bin Laden.

Así, el 18 de agosto inició un operativo en el mar Caribe con la llegada de tres buques destructores a aguas cercanas a la costa de Venezuela con el objetivo de combatir el narcotráfico en la región. Con el paso de las semanas, el despliegue aumentó a la instalación de más de 25 mil soldados y aviones de combate en Puerto Rico, así como una mayor presencia militar en islas cercanas a Venezuela como Trinidad y Tobago, Aruba y Curazao, y la incorporación a las operaciones del portaaviones más grande del mundo, el USS Gerald R. Ford.
Desde el 2 de septiembre, Estados Unidos comenzó a atacar embarcaciones presuntamente vinculadas al narcotráfico, tanto en el Caribe como en el océano Pacífico oriental. Hasta el 5 de diciembre se han registrado 23 embarcaciones bombardeadas (11 en el Caribe y 12 en el Pacífico) con un saldo de al menos 87 muertos. Estas acciones no solo han sido condenadas por Venezuela y gobiernos aliados como Colombia, sino también por instancias como el propio Congreso estadounidense, que investiga posibles crímenes de guerra cometidos en estos ataques.
Reacción del chavismo

Molina señala que la entrada de Estados Unidos en la ecuación alteró por completo “el tablero geopolítico y jurídico” en Venezuela. A principios de año, con una sociedad despolitizada a través de la represión y una vía de comunicación con Trump, Maduro tenía luz verde para consolidar sus “Siete grandes transformaciones” (una extensión del Plan de la Patria de 2012) e incluso avanzar en una reforma a la Constitución de 1999. De hecho, la Asamblea Nacional había recibido el 16 de febrero un primer borrador con más de 80 enmiendas, aunque tras su victoria en las elecciones parlamentarias anunció que su aprobación se postergaría para enero de 2026, luego de instalarse la nueva Legislatura.
Pero en la medida que han escalado las tensiones con Estados Unidos, también se ha encendido el lenguaje de Maduro. Abiertamente ha hablado de pasar de “una fase de lucha no armada a la lucha armada” y de emular modelos de guerra asimétrica como los de la guerrilla colombiana o el Viet Cong vietnamita en caso que ocurra un ataque en territorio venezolano.

“El chavismo perdió el control narrativo desde 2023 cuando el movimiento social lo comenzó a liderar Machado de forma indiscutible. Con el despliegue en el Caribe perdió también el control político. Está desorientado. Siempre creyó que la amenaza era ‘humo’ y subestimó el proceso acumulativo. Hoy recurre al discurso del ‘caos’ y a analogías absurdas como Vietnam. La realidad es que Washington marca la agenda y el chavismo reacciona”, dice Molina.
Con esto, aunque Maduro ha insistido en su política de fortalecer la transición hacia un Estado comunal, la situación con Estados Unidos ha ocupado su agenda en los últimos meses. Desde lo más diplomático, con cartas enviadas a las Naciones Unidas y reuniones con sus aliados regionales; hasta lo más confrontativo, como la realización de jornadas masivas de enlistamiento en la Milicia Bolivariana.
Maduro también ha tomado otras medidas como la firma de un decreto de estado de conmoción exterior a finales de septiembre, que en teoría entraría en vigor en caso de un ataque estadounidense; o la creación el 11 de noviembre del Comando de Defensa Integral de la Nación.
Presión y diálogo

Molina, quien ha trabajado como asesor independiente, destaca la reciente designación del Cartel de los Soles como Organización Terrorista Extranjera (FTO) por parte del Departamento de Estado estadounidense. En esta categoría también se incluyó en febrero al grupo criminal venezolano Tren de Aragua y funciona como una alerta internacional para tomar acciones que corten el financiamiento y nexos de estos grupos en cualquier país.
Este mecanismo de presión vino acompañado casi en simultáneo de una oferta por parte de Trump para conversar con Nicolás Maduro. Ambos mandatarios confirmaron que sostuvieron una breve llamada a finales de noviembre, aunque han sido reservados sobre los temas que abordaron. La mayoría de los medios de comunicación estadounidenses coinciden en que Trump instó a Maduro a abandonar el país y permitir una transición política. Por su parte, Maduro calificó la conversación como “respetuosa” y “cordial”, y como un primer paso hacia un diálogo pacífico con Washington.
“Bajo la designación terrorista, ‘diálogo’ no significa convivencia, sino desmantelamiento. No se discute cómo compartir poder, sino cómo termina la estructura criminal”, opina Molina.

Por otro lado, Martínez asegura que existen dos posibilidades para explicar el abordaje que Maduro ha tenido de la situación con Estados Unidos. La primera, basada en informes de funcionarios que señalan que Maduro parece estar seguro de que no ocurrirá un ataque en su territorio por los altos costos políticos, económicos y humanos de un conflicto prolongado. Esto lo haría actuar de forma despreocupada, asegurando que todo el despliegue se trata de una “operación psicológica”, como él mismo ha llegado a decir en sus discursos.
La segunda hipótesis, por la que se inclina particularmente, sería la apuesta por un “juego de la gallina”, donde pierde el que ceda primero. En este sentido, explica que la cúpula oficialista es consciente de las consecuencias que traería abandonar el poder, por lo que decide resistir ante las amenazas y apostar al desgaste del bando contrario, como ha hecho en el pasado durante otras crisis.
“Antes que retirarse, prefieren no quedar en una posición más desventajosa que en la que están ahora; aunque esa decisión les pueda costar perderlo todo. En el supuesto de que les queden semanas o meses, son semanas o meses que estarán en la posición más ventajosa disfrutando las mieles del poder”, agrega la historiadora.
El Nobel
El 10 de octubre, el país despertó con una noticia inesperada. El Comité Noruego del Nobel le otorgó a María Corina Machado el Premio Nobel de la Paz. En su mensaje, la institución reconoció a la líder opositora “por su incansable labor en la promoción de los derechos democráticos del pueblo de Venezuela y por su lucha en favor de una transición justa y pacífica de la dictadura hacia la democracia”.
Con esto, Machado se convirtió en la sexta latinoamericana en ganar el Nobel de la Paz, y la primera de su clase en Venezuela (después del venezolano-estadounidense Baruj Benacerraf en Medicina en 1980). Para Martínez, esto significó “uno de los hitos más importantes del año”, no solo por visibilizar la causa venezolana ante la opinión pública internacional, sino también por su valor simbólico al ser un reconocimiento a toda la gesta ciudadana que se organizó en las elecciones de 2024 y sufrió la persecución posterior.
“Si hoy existe una ventana real de libertad es, ante todo, por la decisión mayoritaria de la sociedad venezolana. Pero también por dos activos irreemplazables: María Corina Machado y el presidente electo Edmundo González. Ambos han sostenido, desde la clandestinidad o el exilio, una conducción estratégica coherente, firme y orientada al objetivo final: la derrota de la barbarie. Su desempeño ha sido sobresaliente dadas las condiciones extremas”, afirma Molina al respecto.
Si bien el Comité Noruego del Nobel había confirmado que Machado asistiría en persona la ceremonia de entrega el 10 de diciembre, su salida del país de forma clandestinidad se retrasó, por lo que su discurso de aceptación fue dado por su hija, Ana Corina Sosa. No obstante, durante la madrugada, la líder opositora finalmente se presentó en Oslo, reuniéndose con su familia y con los venezolanos que habían viajado a verla.
Grey Bull Rescue, contratista especializada en rescates y extracciones de zonas peligrosas, reveló haber organizado la salida de Machado de Venezuela. Su director, Brian Stern, contó que la «Operación Dinamita Dorada» inició el 8 de diciembre con un viaje de 10 horas en carretera eludiendo controles policiales, desde Caracas hasta un pueblo pesquero del estado Falcón. De allí la opositora partió el 9 de diciembre en una embarcación pesquera hasta alta mar, donde abordó otro barco que la llevó a la isla de Curazao.
Ya en su primera conferencia de prensa en el extranjero, María Corina Machado reiteró que mantiene su compromiso con lograr un cambio democrático en Venezuela. Aún se desconoce cuál será su agenda para las próximas semanas ni sus planes, aunque aseguró que «pronto» regresará al país. «Tantas veces me han dicho que lo que quiero hacer es imposible, y estar aquí es una muestra de lo que el venezolano es capaz de lograr», agregó.
La entrada En 2025 Venezuela se sumergió en un mar de tensiones y reacciones se publicó primero en El Diario Venezuela – elDiario.com.
