Un estudio publicado por la organización no gubernamental (ONG) Mi Convive, titulado “Caraqueñas Enfocadas: las chamas hablan sobre el trabajo y la vida”, alertó sobre las dificultades que las adolescentes venezolanas enfrentan para poder acceder a oportunidades de trabajo en Caracas.
El informe plantea que las jóvenes entre 15 y 19 años de edad ingresan al mercado laboral desde edades tempranas, pero enfrentan la escasez de oportunidades, la desigualdad de género, la imposición de las labores de cuidado en el hogar y la alta competencia por empleos informales y precarios.
Dentro de las motivaciones que las participantes señalan para incorporarse a la etapa laboral, destaca el interés por cubrir sus necesidades personales y colaborar con la economía familiar, lo que reduce la carga de quienes sustentan sus hogares y, al mismo tiempo, les permite asumir responsabilidades que fortalecen su independencia y empoderamiento.
En cuanto a las dificultades presentes en el ámbito laboral, las participantes mencionan el nivel académico como una de las principales barreras. Para aquellas jóvenes que no culminaron el bachillerato o que aún lo cursan, la falta del título se convierte en un obstáculo, ya que este es un requisito indispensable para la mayoría de las ofertas de empleo. Asimismo, la simultaneidad entre los horarios escolares y laborales representa otra limitante. “Nos piden el bachiller y aún no lo tenemos”, se puede leer como parte de un testimonio.
Quienes logran ingresar al sistema laboral relatan que enfrentan condiciones inadecuadas, ya que sus empleadores no suelen respetar los horarios establecidos, les exigen laborar más de ocho horas y no reconocen los días libres contemplados por la ley.
También consideran que los salarios percibidos no corresponden con el cumplimiento de sus funciones y que, en muchos casos, son inferiores a los ingresos de quienes trabajan en oficios informales.
Falta de condiciones obliga a mujeres a dedicarse a un oficio
Ante estas dificultades, algunas jóvenes encuestadas han optado por iniciar sus propios emprendimientos o formarse en un oficio, entre las que destacan actividades relacionadas con la estética (barbería, peluquería, maquillaje, manicura, entre otros), pues requieren menor tiempo de formación y ofrecen mayores ingresos que un empleo formal.

Las jóvenes también señalan el acoso como parte de su cotidianidad, percibiéndolo como algo que se les impone por su rol de mujeres. Mencionan tanto el acoso callejero como el que proviene de su entorno cercano, lo cual constituye una forma de violencia de género.
Como consecuencia, se han visto obligadas a modificar su forma de vestir, la manera en que se relacionan con otras personas e incluso su dinámica comunitaria, evitando ciertos lugares o restringiendo su circulación en determinadas calles. Estas experiencias generan una constante sensación de riesgo e incomodidad, limitando su pleno desarrollo y restringiendo oportunidades de crecimiento.
En relación con la educación, se evidenciaron múltiples dificultades de acceso. Entre los factores señalados, resaltó la precariedad económica, que ha obligado a muchas jóvenes a trabajar y, en consecuencia, abandonar espacios académicos.
“Sí me gustaría terminar cuarto y quinto, pero ya eso es totalmente mi gasto. Entonces si trabajo, por lo menos yo pago alquiler, y me mantengo, que si comida, cosas personales y alquiler”, expresó una encuestada.
Falta de motivación para continuar los estudios
A los motivos de deserción escolar se suma que las consultadas señalaron dificultades relacionadas con el desempeño de los docentes en los liceos, atribuyendo su bajo compromiso a la precariedad laboral y al escaso reconocimiento de su labor, lo que limita el aprendizaje y desmotiva la continuidad de los estudios.

Los factores mencionados han llevado a que algunas jóvenes abandonen sus estudios, no por decisión propia, sino impulsadas por las circunstancias, lo que las obliga a ingresar al mundo laboral a edades muy tempranas y limita sus aspiraciones a futuro.
Igualmente, las participantes destacan que, por ser mujeres, han debido asumir responsabilidades en el hogar y roles de cuidado desde muy temprana edad, lo cual interfiere en su desempeño diario y genera cansancio y altos niveles de estrés, por lo que se suelen ver obligadas a combinar estas actividades con sus estudios o a abandonar los mismos.
A pesar de todas estas dificultades, las jóvenes expresan un fuerte deseo de superación personal, así como gran capacidad de adaptación y resiliencia. Por ello, resulta fundamental reconocer y visibilizar estas habilidades con el fin de diseñar programas, proyectos y estrategias que respondan a las realidades de jóvenes mujeres en contextos vulnerables.
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