El reglamento de retornos, incluida la propuesta endurecida de creación de centros de deportación en países fuera de la UE, ha salvado este jueves su último obstáculo en el Parlamento Europeo. Gracias, una vez más, a los votos de los conservadores y de la extrema derecha, el texto ha superado la oposición casi unánime de las formaciones proeuropeas —socialistas, liberales y verdes—, así como del grupo de La Izquierda, que buscaban renegociar una propuesta que consideran que viola derechos fundamentales, como también han advertido ONG y el Consejo de Europa.