La gobernadora de la Reserva Federal Lisa Cook tiene dos cicatrices —una en la cabeza, otra en la pierna— y un motivo para pelear por lo que cree justo. Arrastra esas marcas desde la infancia, y a sus 61 años, le impiden olvidar. Son señales de golpes. Los que recibía cuando iba a la escuela: fue una de las primeras alumnas afroamericanas en matricularse en una escuela de mayoría blanca en su ciudad del sur de Georgia (Estados Unidos), después de que el Tribunal Supremo aboliera el segregacionismo en los centros de enseñanza.