Decenas de civiles vivieron de cerca los bombardeos que se registraron en Caracas el sábado 3 de enero, durante una operación efectuada por militares estadounidenses y que culminó con la captura y extracción del presidente de Venezuela Nicolás Maduro.
“Lo que vivimos no fue fácil. Estaba muy oscuro, hubo muchos disparos y las explosiones fueron muy cerca, muchos vidrios de los apartamentos cayeron”, relató Juan*, uno de los residentes de los edificios ubicados en Fuerte Tiuna.
Las primeras explosiones se registraron alrededor de las 2:00 am y de acuerdo con su testimonio, tras la principal detonación se fueron los servicios de luz, gas y agua en la residencia. Asimismo, los habitantes perdieron la señal de las líneas telefónicas.

“Estábamos a la buena de Dios, todo parecía una película porque la gente gritaba, los niños lloraban y la gente corría por las escaleras. Hubo heridos y gente conocida, muy buena y muy querida, muerta”, agregó.
Juan mencionó que los accesos en el lugar estaban cerrados, por lo que no lograron salir a tiempo de la residencia mientras sucedían los bombardeos. “Estaba todo tomado y había mucha confusión”.
Cuando los disparos y los bombardeos cesaron, Juan logró salir del sitio en el vehículo de una amiga que también iba con sus hijos.

Revivir el miedo
Muchas zonas residenciales están ubicadas cerca de los sitios donde se produjeron las explosiones, por lo que varios de sus habitantes despertaron asustados con la primera detonación.
En el centro de Caracas, a pocos metros del Palacio de Miraflores y la Vicepresidencia se escucharon los estruendos desde el primer momento.
“Acababa de dormirme, sinceramente, pero escuché entre sueños las explosiones. De repente se estremeció la cama. Me senté en la cama y efectivamente empecé a escuchar explosiones más cercanas”, contó Rebeca*, de 57 años de edad, vecina de un edificio ubicado a pocos metros de Miraflores.
La caraqueña contó que salió corriendo hacia la sala de su apartamento y a la par entró su hijo, de 32 años de edad, que había pasado la noche conversando con amigos en las escaleras del edificio. Él le preguntó qué sucedía y qué podía ver desde la ventana.

“Cuando escuchamos otra explosión más fuerte lo que le dije fue que no se acercara a la ventana, pero como seguía sonando se acercó a la ventana y los vidrios empezaron a vibrar. Allí le dije que nos fuéramos a la cocina porque nos estaban bombardeando”, añadió.
Recuerda que su hijo le decía que no era un bombardeo, pues pensaba que era imposible. Relató que sentía mucho temor y lloró al pensar que debía despedirse de su familia porque no sabía qué iba a pasar.
Ambos acordaron quedarse en el piso de la cocina como resguardo por el tiempo que fuera necesario.
“Una de las últimas explosiones se escuchó más fuerte, casi como si la bomba hubiese caído al lado de nosotros. Después de eso empezamos a llamar a nuestros familiares para saber si estaban bien y si alguno sabía qué estaba pasando”, explicó.
Cuando dejaron de escuchar las explosiones, decidieron ir a casa de su hija, un apartamento más retirado de la zona, pero al que podían llegar caminando en pocos minutos. Al salir del apartamento vieron que los vecinos corrían por las escaleras, mientras gritaban que debían evacuar el edificio.
“Muchos vecinos se fueron en motos, pero las personas mayores se quedaron sentadas en el piso de planta baja porque no tenían cómo irse. Cuando salimos del edificio, las calles estaban solas: vimos como a dos policías y recuerdo que unas personas que iban en una moto muy rápido se cayeron y la gente los auxilió”, contó.
Rebeca llegó a casa de su hija hiperventilada y temblando, tanto por el miedo de la situación como por el cansancio que le produjo correr hasta allí. Estimó que necesitó alrededor de media hora para volver a estar tranquila.

Una experiencia distinta
Rebeca aseguró que lo que sucedía le recordó a los hechos del 4 de febrero y el 27 de noviembre de 1992, año en el que ya vivía en ese mismo apartamento.
“Para el golpe de Estado el 27 de noviembre nosotros vimos los aviones pasar sobre los edificios, porque fue en la mañana, pero nunca pensamos que nos iban a disparar y sí dispararon a los edificios que estaban frente al cuartel y soltaron las bombas encima de Miraflores, todas estas explosiones fueron muy fuertes. Y eso afectó todos los apartamentos, por lo menos en mi casa se reventaron todos los vidrios del balcón”, detalló.
En esa oportunidad, las explosiones causaron muchos daños en las viviendas, incluso encontraron esquirlas de las bombas dentro del baño de su apartamento.
Aclaró que esta experiencia fue distinta, porque tanto el sonido como la magnitud de las explosiones fueron diferentes. En esta ocasión tanto la estructura como los vidrios temblaron.
“Esto fue diferente, escuché fue que caía algo y sonaba la explosión, pero el ruido era diferente, como más cerrado, pero supe que era un bombardeo cuando la cama se estremeció”, detalló.
* Los nombres de las personas citadas en este trabajo fueron cambiados por petición de las fuentes
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