El ataque de EE UU e Israel contra Irán ha sacudido los cimientos de los mercados. No solo ha trastocado las previsiones macroeconómicas, sino que también ha enfriado las expectativas de recortes de tipos. Los inversores que hasta ahora habían logrado sobreponerse a las sacudidas de la renta fija y a las amenazas imperialistas de Donald Trump ya no encuentran motivos para mantener el tono positivo. Con los precios energéticos disparándose y reavivando los temores inflacionistas, los gestores aceleran la venta de acciones y bonos. La renta fija, que el año pasado recuperó su papel de activo refugio gracias a su histórica correlación negativa con la renta variable, sucumbe esta vez con fuerza ante la presión.
