La muerte de Nemesio Oseguera, El Mencho, en una operación de las fuerzas de seguridad no es un episodio más en la larga y dolorosa guerra contra el narcotráfico en México. Es un parteaguas. Con la caída de quien fue durante años el criminal más buscado del país, México envía un mensaje inequívoco: el Estado ha decidido ejercer su fuerza sin ambigüedades. La era de los eufemismos ha terminado. El país entierra, con hechos y no con discursos, la política de “abrazos, no balazos” del expresidente Andrés Manuel López Obrador.
