Diversas investigaciones y expertos en neurofisiología señalan que aunque el periodo vacacional de diciembre tiene como objetivo principal el descanso, existe un grupo de personas que llega al mes de enero con altos niveles de fatiga.
De acuerdo con varios estudios consultados por El Diario, este fenómeno no se debe únicamente a los excesos alimenticios o las celebraciones, sino principalmente a un desajuste del reloj biológico, que es el sistema interno que regula los ciclos de sueño y vigilia, y a la alteración de la calidad del descanso.
Esmeralda Rocío-Martín, médico especialista en Neurofisiología Clínica, explicó en una entrevista para el medio Infosalus que este agotamiento vacacional es el resultado de una combinación de dos factores críticos: el pasivo de descanso generado durante el año y la desincronización de los ritmos circadianos.
Causas del agotamiento vacacional
El primer factor que mencionó la especialista es la acumulación de fatiga derivada de meses de tensión laboral y horarios restrictivos, ya que al reducirse los niveles de estrés, el cuerpo manifiesta la carencia de sueño que ha sido ignorada durante el periodo de trabajo.
“Cuando bajamos el ritmo, el organismo aprovecha para reclamar descanso”, afirmó la doctora Rocío-Martín.

La segunda causa es la alteración brusca de los hábitos, porque al cambiar radicalmente las rutinas, el reloj biológico se desajusta, lo que provoca que el sueño sea menos reparador.
“El sueño se altera y nos sentimos cansados, aunque durmamos muchas horas. La cantidad de tiempo en cama no garantiza necesariamente la recuperación física si los ritmos internos están desalineados”, sostuvo la experta.
Para mitigar este impacto, la neurofisióloga considera que es indispensable que los horarios de sueño no se desplacen más de una o dos horas con respecto a la rutina habitual.
Asimismo, un estudio de la Universidad de Berkeley en Estados Unidos reveló la importancia de mantener una hora de despertar estable y buscar la exposición a la luz natural durante las mañanas para ayudar al cerebro a sincronizar sus ciclos y activar la energía.
¿Cómo mejorar el descanso durante las vacaciones decembrinas?
La experta y los estudios científicos coinciden en que se debe evitar el consumo excesivo de alcohol y cenas grandes cerca de la hora de acostarse, ya que estas sustancias interfieren con las fases profundas del sueño, lo que impide que el descanso sea efectivo.

También sugieren reservar la última hora del día para actividades relajantes y prescindir de las pantallas, debido a que la luz azul inhibe la producción de melatonina, la hormona encargada de inducir el sueño.
Con respecto a la recuperación de energía durante el día, una investigación publicada en la revista Sleep Research Society señaló que la siesta puede ser una herramienta saludable siempre que sea breve y se realice en el momento adecuado.
En este sentido, las siestas deben hacerse por un lapso de tiempo no mayor de 20 minutos y después de comer, para ayudar a mejorar la alerta, el rendimiento, el estado de ánimo y reducir la sensación de fatiga.
La doctora Rocío-Martín detalló que cuando el descanso diurno supera los 60 o 90 minutos, el organismo entra en fases más profundas del sueño, lo que puede provocar inercia del sueño, una sensación de pesadez y aturdimiento al despertar.
Por otra parte, para aquellas personas que padecen insomnio crónico, los especialistas aconsejan ser aún más prudentes con las siestas, ya que incluso los descansos breves durante el día pueden perjudicar el descanso de la noche.
En cuanto al uso de suplementos o dispositivos tecnológicos para mejorar el sueño, la neurofisióloga destacó que estos desempeñan un papel secundario frente a los hábitos conductuales.

“Aunque la melatonina puede ser útil para reajustar el reloj biológico en casos específicos no es una pastilla para dormir de uso crónico y debe emplearse solo bajo supervisión médica”, apuntó la experta.
De igual forma, mencionó que los lentes bloqueadores de luz azul pueden reducir ligeramente el impacto de los dispositivos electrónicos, pero no sustituyen la norma básica de limitar su uso antes de dormir.
Impacto en el rendimiento cognitivo y físico
Un estudio de la Universidad de Cataluña, en España, indicó que el organismo humano suele tolerar desajustes en los horarios sin consecuencias. No obstante, el problema real aparece cuando no se logra desconectar la rutina para disfrutar del periodo de descanso.
Si estos cambios se vuelven cíclicos, el reloj biológico pierde su capacidad de reajuste inmediato, lo que da lugar a una somnolencia persistente en los días laborables y a un deterioro del rendimiento físico y cognitivo.
En pacientes con trastornos del estado de ánimo, insomnio crónico o que trabajan por turnos, estas variaciones repetidas pueden agravar tanto el bienestar emocional como la salud mental.
Los especialistas advierten que cuando el cerebro permanece en un estado de alerta constante, los niveles de cortisol (conocida como la hormona del estrés) no regresan a sus valores normales.
Esta sobreexposición prolongada a la carga laboral provoca un desgaste acumulado en el cuerpo debido a la activación crónica de la respuesta al estrés, lo que puede derivar en somatizaciones, como dolores de cabeza tensionales, trastornos gastrointestinales y un debilitamiento del sistema inmunológico.
Además, la investigación señala que la permanencia digital durante las vacaciones actúa como un saboteador del descanso, que podría provocar saturación mental y elevar el riesgo de desarrollar cuadros de ansiedad a largo plazo.
Los expertos resaltan que mantener la desconexión no es solo una medida de higiene laboral, sino un acto de preservación de la salud integral que permite al sistema nervioso recargarse y prevenir el colapso físico y emocional.
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