En muchos hogares de Venezuela, un sabor que persiste a través de las generaciones es el de las recetas familiares. El legado culinario que se transmite de abuelos a padres resulta ser un conocimiento gastronómico que no se encuentra en libros de cocina, ya que es un patrimonio intangible que define la identidad de cada generación.
A diferencia de las preparaciones gourmet, estas recetas suelen ir acompañadas de anécdotas, técnicas secretas y medidas aproximadas, para convertirse en un reflejo de la historia personal de cada familia.
En ese sentido, la cocina generacional trasciende la preparación de alimentos para convertirse en un ritual de memoria y afecto, porque se distingue gracias a su oralidad, es decir, a la transmisión personal de la receta y lo que representa dentro de la familia.
Para comprender este legado, el equipo de El Diario entrevistó a cuatro venezolanos que heredaron algunas tradiciones culinarias de sus ancestros. Sus relatos demuestran que las recetas van más allá de una lista de ingredientes para convertirse en una conexión con el pasado y una forma de honrar a quienes ya no están.

Las polvorosas de pollo de la abuela
Manuel Torres, de 68 años de edad, recuerda con precisión la receta de las “polvorosas de pollo de la abuela”. Vio muchísimas veces cómo la preparaban en las reuniones familiares o los domingos especiales.
“En mi casa, esa receta es sagrada. Mi bisabuela se la enseñó a mi abuela, luego ella a mi mamá, así me la transmitió a mí y yo se la preparo a mi hija. Me acuerdo que mi madre me decía: ‘hijo, el guiso tiene que quedar jugoso, pero no demasiado’, y yo no entendía, hasta que al prepararla de adulto me di cuenta de que la medida para que la masa no se humedeciera y se rompiera era el secreto”, contó Torres en entrevista para El Diario.
El orgulloso heredero de la receta familiar aseguró que no ha probado nunca polvorosas iguales a las que preparaban en su casa cuando era niño, le atribuye ese sabor especial “al cariño de tres generaciones”.
Aunque el secreto de las “polvorosas de pollo de la abuela”, de acuerdo con Torres, sea el amor, compartió con El Diario los ingredientes y preparación de la receta para degustar en familia.

Ingredientes para la masa:
– 1 kilo de harina de trigo todo uso
– 200 gramos de manteca vegetal
– 150 gramos de mantequilla
– 250 gramos de azúcar
– 2 huevos
– Sal al gusto
– Leche o agua (para amasar)
Ingredientes para el relleno:
– 1 pollo entero cocido y desmenuzado
– 1 cebolla grande picada
– 1 pimentón rojo picado
– 1 ají dulce picado
– Alcaparras
– Pasas
– Tomates
– Sal, ajo, pimienta y comino al gusto

Preparación:
Para el relleno, preparar el guiso con el pollo desmenuzado y el resto de los ingredientes hasta que tome la consistencia deseada y dejar enfriar. Para la masa, mezclar la harina, el azúcar y la sal, luego agregar la manteca hasta obtener una textura de arena.
Incorporar los huevos lentamente y amasar con leche o agua hasta obtener una masa suave que se pueda estirar para colocarla en un molde, rellenar con el guiso y cubrir con otra capa de masa.
Finalmente, se lleva a hornear a temperatura media hasta que la polvorosa esté dorada.
La torta de auyama familiar
Andrea Mendoza, de 45 años de edad, compartió con El Diario la receta que más recuerda haber visto en la nevera durante su época de infancia: la torta de auyama. De niña, el color y consistencia de este postre era lo que más le gustaba, aunque admitió que saber de qué era le quitaba las ganas de probarla.
No obstante, con el paso de los años descubrió su sabor y le pidió a una de sus tías que la enseñara a prepararla, ya que quería transmitirle esa tradición a sus hijos de siempre encontrar “la torta de auyama” en la mesa de la casa.
“Mi abuela nunca escribió la receta, sus hijas aprendieron a hacer viéndola, todo lo que sabían era al ojo. Mi tía me fue dando los tips, me acuerdo que me decía que el horno tenía que estar bajito y que había que dejar la torta hasta que se le metiera el cuchillo y saliera seco. Fui entendiendo lo que significaba cada cosa y ahora, cuando se la preparo a mis hijos, me siento como si mi mamá estuviera en la cocina conmigo”, expresó Mendoza.

La técnica de preparación de esta receta familiar engloba anécdotas que la entrevistada quiso resaltar. Por ejemplo, una en particular ocurrió cuando cumplió 23 años de edad y su mamá le preparó esa torta en su cumpleaños con un toque especial, sin saber que un año después se despediría de ella debido a una enfermedad terminal.
“El último cumpleaños que pasé con mi mamá comimos torta de auyama, y jamás le había quedado tan sabrosa. Fue el mejor regalo que me pudo dar, cada vez que preparo una la siento en cada bocado. Quiero que eso sientan mis hijos y mis futuros nietos”, señaló Mendoza.
Ingredientes:
– 500 g de auyama cocida y hecha puré
– 1 taza de harina de trigo
– 1 taza de azúcar
– 4 huevos
– 1 cucharadita de canela en polvo
– 1 pizca de nuez moscada
– 1 cucharadita de vainilla
– Mantequilla para engrasar el molde

Preparación:
Precalentar el horno a 180°C/360°F, mientras se pone en un bol el puré de auyama con los huevos, el azúcar, la canela, la nuez moscada y la vainilla.
Integrar bien estos ingredientes hasta obtener una mezcla homogénea y agregar la harina de trigo poco a poco, hasta que la masa tenga una consistencia espesa.
Verter la mezcla en un molde previamente engrasado y hornear a temperatura media hasta que la torta esté dorada y, al insertar un palillo en el centro, salga limpio.
El bocadillo de plátano que sacó adelante a la familia
Laura Ruiz, de 52 años años, narró para El Diario cómo su abuelo siempre le contaba que la receta de bocadillo de plátano maduro ayudó a su familia a mantenerse, ya que sus padres tenían un pequeño negocio de venta de dulces merideños y ese era el que más le gustaba a los clientes.
El éxito de este dulce fue tal que, con el tiempo, el pequeño puesto de venta evolucionó para convertirse en el sostén del hogar, el cual se mantuvo en la familia por una generación más, es decir, la de su abuelo.
“Para nosotros, el bocadillo nunca ha sido solo un dulce. Es la historia de la familia. Mi abuelo siempre decía que cada pieza era un pedazo de nuestra herencia, así que la receta es un recordatorio de que, incluso en la sencillez de un plato, se puede encontrar un tesoro”, dijo Ruiz.

Uno de los secretos de la familia era que el plátano debía estar “negrito” para que la mermelada quedara perfecta y el punto de azúcar se logra probando la mezcla. Aunque no suele hacer la receta con medidas exactas, compartió con El Diario cómo la prepara para quienes deseen replicarla en sus hogares.
Ingredientes:
– 7 Plátanos maduros
– 1 papelón
– 1 cucharada de vainilla
– Agua
Preparación:
Cortar los plátanos en trozos pequeños y cocinarlos en agua hasta que estén blandos, luego escurrirlos y hacer un puré. En una olla, colocar el papelón rallado con un poco de agua hasta que se disuelva.
Cuando esté listo, agregar el puré de plátano y cocinar a fuego bajo, sin dejar de remover, hasta que la mezcla se despegue del fondo de la olla y agregar la vainilla.
Poner la mezcla en un molde, preferiblemente rectangular, previamente engrasado con mantequilla, y dejar enfriar. Posteriormente, cortar en cuadros o rectángulos una vez que el bocadillo haya endurecido.

Las mandocas con queso de papá
María Álvarez, de 68 años de edad, adora enseñar a sus nietos de 11 y 15 años a preparar las mandocas con queso que aprendió de su papá. Una receta que aseguró pasó de generación en generación en su familia.
“He estudiado muchas técnicas culinarias en mi vida, pero la receta de las mandocas con queso de mi papá es un mundo aparte. Él siempre decía que el secreto no era el queso, sino el dulzor perfecto de la masa, que no empalagara ni fuera salada”, recordó Álvarez.
Agregó que la magia del sabor solo la puede enseñar un padre o madre a un hijo, por lo que la preparación se convirtió en su caso en un ritual que unía a la familia, les recordaba de dónde venían y es lo que ella desea mantener..
Para hacer perdurar esta receta generacional, Álvarez reveló los secretos de su preparación con la ilusión de que otros puedan hacerla y compartir un momento familiar que sirva para el encuentro y el cariño en los hogares venezolanos.

Ingredientes:
– 2 tazas de harina de maíz
– 1 taza de papelón rallado
– 1 cucharadita de sal
– 1 cucharadita de anís en especie
– 2 tazas de agua
– Queso blanco duro y rayado para acompañar
– Aceite vegetal (suficiente para freír)
Preparación:
En un recipiente, dejar el papelón en agua tibia hasta que se disuelva, mientras en un bol aparte, mezclar la harina de maíz con la sal y el anís.
Cuando esté listo el papelón, unirlo con la harina hasta obtener una masa suave y manejable para formar las mandocas en forma de nudo. Luego, freír en aceite caliente hasta que se doren por ambos lados. Se deben servir calientes con queso blanco rallado por encima.
Para estos cuatro venezolanos, el reto actual es preservar estas tradiciones en un mundo donde la comida rápida domina el mercado y las preparaciones caseras están quedando en el pasado.
Consideran que transmitir estas recetas no solo asegura la continuidad de un legado familiar, sino que también fomenta la conexión con lo venezolano, ya que la cocina se convierte en un espacio de resistencia donde los sabores de antaño se defienden como parte de la identidad.
La entrada Recetas que se aprenden en familia: sabores que traspasan generaciones se publicó primero en El Diario.