En los alrededores del bulevar de Sabana Grande, en Caracas, algunas baldosas del pavimento se distinguen por un patrón de líneas rectas que, en ciertos puntos, terminan en formas circulares. La realidad es que estos patrones no están allí por casualidad, sino que cumplen una función específica.
Estos elementos característicos son una forma de señalización podotáctil pensada para orientar a personas con baja visión (o con disminución total de la vista) de forma segura mientras se desplazan por entornos urbanos.
Su propósito suele pasar desapercibido, salvo para quienes tienen un familiar con discapacidad visual o conocen a alguien con una condición similar. Por eso, el centro de abordaje sobre los diferentes campos de la Terapia Ocupacional Azul Salud comenzó una campaña de visibilización sobre la importancia de las rutas podotáctiles y la necesidad de que estén bien diseñadas y planificadas.

El valor urbano de las rutas podotáctiles
Al ser un sistema de señalización esencial para la orientación, cada diseño transmite un mensaje para los transeúntes. Las que presentan líneas rectas indican un trayecto continuo hacia un punto de interés, mientras que las que tienen círculos alertan sobre un cambio de dirección o a un posible obstáculo en el camino.

Diana Veliz, estudiante de segundo año de Terapia Ocupacional en la Universidad Central de Venezuela (UCV), explicó para El Diario que al visibilizar las rutas podotáctiles se busca promover el desenvolvimiento de las personas con discapacidad visual en las actividades de la vida diaria.
Veliz precisó que presentó este problema como un experimento social, al evidenciar que gran parte de la población no reconoce estas baldosas como una herramienta de orientación para personas con baja visión o ceguera.
“Casi todas las personas que entrevistamos no sabían para qué servían las rutas podotáctiles. Muchas pensaban que eran decorativas, antirresbalantes o simplemente no tenían idea de su función. En parte, también deberían ser de colores llamativos, pero en muchos casos, como en Caracas, son grises y se confunden fácilmente con el color de la acera”, expuso.

Jeremy La Valle, terapeuta ocupacional y fundador de Azul Salud, afirmó que, como especialistas, el trabajo que realizan incluye una evaluación del entorno en el que se desarrolla el paciente. Por eso, en su experiencia, las rutas podotáctiles ubicadas en Sabana Grande presentan condiciones variadas; algunas cumplen su función adecuadamente, mientras que otras requieren adaptación.

Señaló que, además de Sabana Grande, han documentado rutas podotáctiles en Bellas Artes hasta Parque Carabobo, a la altura de la avenida Universidad, y el bulevar de El Cementerio. Sin embargo, reconoce que puede haber más zonas con estas rutas, ya que su existencia y ubicación aún son poco conocidas.
La Valle también destacó que la falta de educación sobre las rutas podotáctiles provoca que a menudo las obstruyen motos, vehículos y ventas ambulantes, lo que dificulta su función. “Este escenario pone de manifiesto la urgencia de generar mayor conciencia y empatía hacia estos elementos, que son indispensables para garantizar la movilidad segura y autónoma de las personas con discapacidad visual”, agregó.

El desconocimiento como obstáculo
En un recorrido realizado por el equipo de El Diario, en conjunto con el equipo de Azul Salud, se pudo evidenciar que en el bulevar de Sabana Grande algunas motos, carros y ventas ambulantes obstruyen las rutas podotáctiles. Sin embargo, esta ocupación no parece responder a una intención deliberada, sino más bien al desconocimiento general sobre la función de estas señalizaciones.

Yismar Rosales, terapeuta ocupacional e integrante del equipo de Azul Salud, manifestó que es fundamental promover campañas de concientización sobre la funcionalidad de las rutas podotáctiles. A su juicio, muchas personas no comprenden su propósito ni la importancia que tienen para la movilidad de quienes viven con discapacidad visual.
“No se trata de solo conocerlas, sino de que la población entienda que deben respetarse”, señaló. Añadió que el desconocimiento lleva a que estas rutas sean invadidas u obstruidas, lo que representa un riesgo y una barrera para quienes dependen de ellas diariamente.
Rosales argumentó que la utilidad de estas rutas depende de una correcta planificación urbana. Explicó que algunas instalaciones actuales no responden a las verdaderas dinámicas de movilidad de las personas con discapacidad visual.

“Hay trayectos que, en lugar de facilitar el desplazamiento, lo dificultan, al estar ubicados junto a escaleras o zonas que implican obstáculos innecesarios”, acotó.
La especialista mencionó que, en otros casos, las rutas obligan a recorrer distancias excesivas para alcanzar destinos que podrían estar más cerca si se contemplaran alternativas más lógicas y funcionales.
Para Rosales, esta disposición, lejos de garantizar accesibilidad, introduce riesgos y limita la autonomía del usuario, por lo que insistió en que cualquier proyecto de accesibilidad debe atender tanto a la seguridad como a las necesidades reales de desplazamiento, dando prioridad a la independencia del usuario final.

Las rutas podotáctiles en Caracas existen desde hace varios años en algunas de las principales vías de la ciudad, pero aún no cumplen su función de manera plena. Su diseño, en muchos casos, no responde a las necesidades reales de las personas con discapacidad visual. Hay tramos interrumpidos, ubicaciones mal planificadas y materiales poco visibles, lo que lo convierte en un recurso de poca utilidad.
Los especialistas de Azul Salud coincidieron en la urgencia de impulsar proyectos que fomenten la accesibilidad universal, ya que, de no hacerlo, estas señalizaciones seguirán siendo meros elementos decorativos: instaladas en el pavimento, pero incapaces de cumplir su función para quienes dependen de ellas para desplazarse con seguridad.
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