Sin tiempo apenas para recuperarse del golpe, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, compareció este viernes al principio de la tarde de Washington para reaccionar a la sentencia del Tribunal Supremo que tres horas antes había declarado inconstitucionales buena parte de sus aranceles. El fallo fue una bomba: no solo empujó hacia el abismo la política económica del Gobierno de Estados Unidos, también le hurtó de una herramienta que el republicano ha usado a discreción para reconfigurar el orden mundial a base de amenazas de gravámenes comerciales.
