En el sur de Florida, donde vive la gran mayoría de la diáspora venezolana de Estados Unidos, ya empieza a escucharse una pregunta que hasta hace poco parecía impensable: “¿Y si volvemos?”. La captura de Nicolás Maduro el 3 de enero ha sacudido no solo la política venezolana, sino también la vida cotidiana de miles de migrantes de ese país que habían asumido Estados Unidos como un destino definitivo. Ahora, casi un mes después de la caída del líder chavista, por primera vez en mucho tiempo, la idea del regreso comienza a ser una posibilidad real, aunque todavía llena de dudas.
