<p>La primera imagen del penal de <strong>Barbadillo </strong>es decepcionante, pareciera un cuartel semiabandonado a 20 kilómetros del centro histórico de la capital peruana. Muro verde, puertas negras y un inmenso cerro de piedra a un lado, con tan poco glamour que hubiera sido escenario perfecto para buscar a alguno de los personajes marginados y olvidados limeños que habitaban los cuentos de <strong>Julio Ramón Ribeyro</strong>.</p>
