El centro de Belfast presentaba un escenario distópico, con calles vacías, comercios cerrados y una fuerte presencia de furgones policiales patrullando la zona. La ciudad se encuentra sumida en su mayor oleada de violencia desde los «Troubles», el conflicto civil que asoló la región hasta finales de los años 90. Según los residentes, esta situación se ha estado gestando durante al menos un año, alimentada por tensiones sociales y rumores sobre la seguridad de los niños.
