La fachada negra y un lector de huella dactilar para abrir la puerta ya dan una idea de que ese edificio es diferente a otros del madrileño distrito de Tetuán. Es la sede de Centro de Valores, y en su interior alberga una gran cámara acorazada. Franqueada la primera barrera, una voz pide la documentación al visitante nuevo. Proviene del otro lado de un espejo unidireccional, como los que hay en las salas de interrogatorios de las películas. Ese paso se lo pueden saltar los clientes, a quienes en una primera visita se les toman sus datos biométricos, como rostro y huella, para que puedan traspasar las diferentes puertas del recinto. Una no se abre hasta que la anterior se haya cerrado.
