Mientras las interminables olas de misiles y drones iraníes se abatían impiadosamente sobre las bases americanas y las instalaciones energéticas en los países del Golfo (Bahréin, Qatar, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Omán y Arabia Saudí), una fuerte impresión de incredulidad e indignación se iba arraigando en los círculos políticos y populares acerca de la esencia misma de estas plataformas militares en una de las zonas más sensibles del mundo, donde confluyen ambiciones expansionistas e intereses dentro de una compleja y desequilibrada red de alianzas y estrategias.
