Los índices bursátiles han continuado marcando máximos históricos pese a la sacudida que la guerra de Irán y el cierre del estrecho de Ormuz suponen para la economía mundial. Los resultados empresariales, y las cifras multimillonarias presentadas por los gigantes tecnológicos, han vuelto a salir al rescate. Pero el mercado de bonos está dando de nuevo la voz de alarma ante la complacencia de la Bolsa y el temor a que un petróleo mucho más caro traiga más inflación y menos crecimiento también se abre paso. En los últimos días, las Bolsas sí acusan, aunque sin excesivos sobresaltos, el alza de rentabilidad de los bonos, con el de 30 años de EE UU por encima del 5%. Y empiezan a surgir voces que alertan del riesgo de que los bonos, y no el petróleo, sí sean el detonante directo para las ventas en la renta variable. A pesar del crecimiento de los beneficios, Goldman Sachs advierte que “aumenta el riesgo de que se produzca una corrección en el mercado debido al deterioro de la combinación de crecimiento e inflación”.
