Venezuela se asienta sobre las mayores reservas de petróleo del mundo, pero extrae una exigua fracción de ellas. Los acreedores podrían enfrentarse pronto a ese mismo potencial sin explotar. El país se prepara para reestructurar una descomunal carga de deuda que supera el doble de su producción nacional. Con una economía en ruinas, lastrada por unas instituciones débiles y una crisis humanitaria agravada por los recientes terremotos, unas exigencias agresivas por parte de los prestamistas podrían generar una espiral contraproducente.