En un tiempo en el que casi todo el mundo opina, comparte y discute a diario, medir de verdad lo que piensa una sociedad se ha convertido en una tarea mucho más difícil de lo que parece. No basta con mirar las redes sociales ni con confundir una tendencia viral con una radiografía del país. Para saber cómo cambian las creencias, los valores, la confianza en las instituciones o las actitudes ante la desigualdad, hacen falta datos fiables, recogidos durante décadas y con métodos capaces de resistir el paso del tiempo.
