Hay tratados internacionales que parecen escritos con la misma lógica que un cartel de «prohibido pisar el césped». Todos aceptan la norma, pero nadie vigila si alguien la incumple. Eso ocurre desde hace casi sesenta años con las armas nucleares en el espacio. El Tratado del Espacio Ultraterrestre de 1967 las prohíbe expresamente, pero existe un pequeño detalle. Que nadie sabe cómo comprobar que un satélite no lleve una escondida. Un investigador del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) cree haber encontrado la solución.